El pabellón se organiza a partir de dos volúmenes superpuestos que construyen una relación clara entre peso y ligereza. Un basamento más opaco se vincula a la cota existente y concentra buena parte de los espacios de apoyo, mientras que la pieza superior adquiere una presencia más ligera y continua.
La intervención integra la construcción existente y la ampliación dentro de una única composición, evitando una lectura fragmentada y reforzando la continuidad del conjunto.


La madera define el carácter de la pieza superior y se convierte en uno de los principales elementos de identidad del proyecto. Su presencia aligera visualmente el volumen, aporta calidez a la escala del gran espacio deportivo y establece un contraste con la materialidad más sólida del basamento.
La modulación de la envolvente permite integrar estructura, cubierta e instalaciones dentro de una geometría ordenada, construyendo una imagen exterior unitaria y aparentemente sencilla.

Frente a la naturalidad y serenidad de la madera, el rojo aparece como un elemento de contraste capaz de señalar y reforzar el carácter deportivo del edificio. El color introduce intensidad en puntos estratégicos, acompaña los recorridos y aporta una identidad reconocible al conjunto.
Esta relación entre tonos naturales y acentos cromáticos construye una arquitectura en la que materialidad y color trabajan conjuntamente para diferenciar usos y enriquecer la experiencia del espacio.


